--Tengan fe en Dios--
En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.
Él estaba con Dios en el principio.
Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad.
Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.*
Vino un hombre llamado Juan. Dios lo envió
como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyeran.
Juan declaró: "Vi al Espíritu descender del cielo como una paloma y permanecer sobre él.
Yo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Áquel sobre quien veas que el Espíritu desciende y permanece, es el que bautiza con el Espíritu Santo.'
Yo lo he visto y por eso testifico que éste es el Hijo de Dios."
Al día siguiente Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo: "¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!
¿Quién ha creído a nuestro mensaje y a quién se le ha revelado el poder del Señor?
Creció en su presencia como vástago tierno, como raíz de tierra seca.
No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable.
Despreciado y rechazado por los *hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento.
Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos.
Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores,
pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado.
Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades;
sobre él recayó el castigo, precio de nuestra *paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados.
Muchos se asombraron de él, pues tenía desfigurado el semblante;
¡nada de *humano tenía su aspecto!
Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca;
como cordero, fue llevado al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador;
y ni siquiera abrió su boca.
Como agua he sido derramado; dislocados están todos mis huesos.
Mi *corazón se ha vuelto como cera, y se derrite en mis entrañas.
Se ha secado mi vigor como una teja; la lengua se me pega al paladar.
¡Me has hundido en el polvo de la muerte!
Como perros de presa, me han rodeado; me ha cercado una banda de malvados;
me han traspasado las manos y los pies.
Después de aprehenderlo y juzgarlo, le dieron muerte; nadie se preocupó de su descendencia.
Fue arrancado de la tierra de los vivientes, y golpeado por la transgresión de mi pueblo.
Se le asignó un sepulcro con los malvados, y murió entre los malhechores,
aunque nunca cometió violencia alguna, ni hubo engaño en su boca.
Pero el Señor quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir, y como él ofreció su *vida en *expiación.
Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.
Que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo.
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El que era la luz ya estaba en el mundo, y el mundo fue creado por medio de él, pero el mundo no lo reconoció.
Vino a lo que era suyo, pero los suyos no lo recibieron.
Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.
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